Anécdotas…El soldado Trautmann se deja la vida por sus colores

Bert Traumann…una vida de película…De prisionero de guerra, a héroe inesperado en Wembley.

El fútbol le dio una oportunidad inesperada a Trautmann, aquel soldado alemán de la 2ª Guerra Mundial que fue prisionero de los rusos, de los franceses, y de los norteamericanos, logrando siempre escapar.

Pero finalmente fue capturado por soldados británicos, que lo llevaron a Ostende y posteriormente a Essex.

Era considerado un nazi peligroso, por lo que estaba encarcelado bajo estrictas medidas de seguridad. Allí Trautmann fue reeducado, y de a poco insertado en la sociedad.

Durante su reclusión, el fútbol era un momento importante de ocio, y allí fue puliendo sus condiciones de cancerbero ágil y muy arriesgado.

Ficha para el St. Helens -un equipo amateur- en 1948, pero al año siguiente el Manchester City le echa el ojo.

Sus comienzos en Inglaterra no fueron fáciles, todos lo veían como un nazi y era muy resistido, hasta que las palabras del rabino Alexander Altmann “calmaron las aguas”: “Bert es un joven decente. No podemos castigar a un alemán en concreto, por aquello que haya hecho un país”.

De a poco Trautmann se fue ganando un lugar en el City, llevando al equipo ciudadano a coronarse como campeón de la FA Cup en 1956.

Un año antes, los “citizens” habían caído 3-1 en la final ante el Newcastle, pero en la final del 56 Trautmann se dejó hasta la vida, y el City con su victoria 3-1 frente al Birmingham, logró levantar el codiciado trofeo en Wembley.

A 15 minutos del final, el portero alemán sufrió un duro golpe, quedando tendido en el piso, pero se levantó, y con visibles muestras de dolor continuó en el campo de juego.

El Birmingham buscaba el descuento, pero Trautmann seguía arriesgando su físico, hasta que llegó el pitazo final.

Días después, y realizados los estudios de Rayos X, se determinó que el portero había sufrido una fractura de una vértebra de su cuello, y dislocadas otras 4 vértebras.

Jugaría en el City hasta 1964, totalizando 545 juegos, retirándose del fútbol activo un año después en el Wellington Town.

Fue entrenador en modestos equipos de Inglaterra y Alemania, y después de las selecciones nacionales de Birmania, Tanzania, Liberia y Pakistán.

El legendario portero ruso Lev Yashin dijo una vez “Solo ha habido dos porteros de primera clase mundial. Uno fue Lev Yashin y el otro aquel chico alemán que jugaba en el Manchester, Trautmann.”

Falleció en Valencia un 19 de Julio de 2013, a los 89 años de edad…se iba uno de los mejores porteros de la historia.

Antony Callero

Anécdotas…La guerra, el fútbol y una tregua de Navidad…

En Junio de 1914, Europa se vio conmovida por el primer gran conflicto bélico del Siglo XX, la Primera Guerra Mundial.

El asesinato de Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio austro-húngaro, fue el hecho que desencadenó todo, y que tuvo como principales protagonistas a los Imperios Alemán, Austro-húngaro, Otomano, Ruso y Británico, además de Francia e Italia.

El 28 de Julio el Imperio austro-húngaro invadió Serbia, mientras que por otro lado, el Imperio Alemán ingresó en territorios de Bélgica, Luxemburgo y Francia, lo que provocó que Rusia entrara en acción atacando a los alemanes, cuando estos pretendían ir hacia París.

En 1917 estalla la revolución Rusa, la nación se vio envuelta en una cruenta guerra civil que obligó a los rusos a retirarse del conflicto.

Estados Unidos había declarado la guerra al Imperio germano en Abril de 1917, tras el hundimiento del Transatlántico Lusitania, por parte de un submarino alemán. Esto provocó que los americanos lanzaran una ofensiva al año siguiente que hizo que las tropas alemanas retrocedieran. El 11 de Noviembre de 1918 el conflicto llegó a su fin al aceptar Alemania la firma del armisticio.

La anécdota que queremos contar en este artículo ocurrió en Diciembre de 1914, donde los soldados de ambos bandos decidieron hacer una tregua para poder pasar una Navidad en paz.

Los soldados alemanes decoraron árboles de Navidad con luces y entonaron Villancicos navideños, ante la sorpresa de sus enemigos británicos y franceses apostados en sus trincheras.

Desde el otro bando se alzaron las banderas blancas en son de paz, y caminaron para el lado alemán, donde se unieron a sus pares para celebrar ese día tan especial, y que por unas horas los alejaba del horror de la Guerra.

Hacía mucho frío, pero esto no impidió que los dos ejércitos disputaran incluso un partido de fútbol en señal de confraternidad. Se utilizaron buzos como arcos, y el terreno de juego no estaba delimitado, pero nada importaba, era un momento de esparcimiento que se disfrutó a pleno.

Un soldado alemán llamado Johannes Niemann, describió este suceso en su libro diario: “un soldado escocés apareció cargando un balón de fútbol; y en unos cuantos minutos, ya teníamos juego. Los escoceses hicieron su portería con unos sombreros raros, mientras nosotros hicimos lo mismo. No era nada sencillo jugar en un terreno congelado, pero eso no nos desmotivó. Mantuvimos con rigor las reglas del juego, a pesar de que el partido sólo duró una hora y no teníamos árbitro”, expresaba Niemann.

“Muchos pases fueron largos y el balón constantemente se iba lejos. Sin embargo, estos futbolistas amateurs a pesar de estar cansados, jugaban con mucho entusiasmo. Nosotros, los alemanes, descubrimos con sorpresa cómo los escoceses jugaban con sus faldas, y sin tener nada debajo de ellas. Incluso les hacíamos una broma cada vez que una ventisca soplaba por el campo y revelaba sus partes ocultas a sus ‘enemigos de ayer’. Sin embargo, una hora después, cuando nuestro Oficial en Jefe se enteró de lo que estaba pasando, éste mandó a suspender el partido. Un poco después regresamos a nuestras trincheras y la fraternización terminó. El partido acabó con un marcador de tres goles a favor nuestro y dos en contra. Fritz marcó dos, y Tommy uno”, concluía el relato del soldado alemán sobre este episodio curioso que se dio en la Primera Guerra Mundial.

Los altos mandos se mostraron muy enfadados al enterarse de la tregua que habían impuesto ambos bandos, pero al otro día todo era ya historia, la confraternidad había concluido, las armas se volvían a cargar y volvían a ser enemigos en el campo de batalla.

Antony Callero.